De sexo se habla y se escribe mucho, mas de lo que se practica.
Esto no es una guía para practicar mas, pero puede ser que mis experiencias
te hagan sonreír, sonrojar o te ayuden a conocer mas sobre el tema, buscarle
nuevos puntos de vista, o aprender juntos sobre sexo, erotismo y placer.

domingo, 26 de octubre de 2014

Fantasías sexuales nocturnas

Anoche no me podía dormir, me puse a pensar en tus ojazos, en tu mirada, en tu cuerpo y mas aumentaba mi insomnio y mis ganas de tocarte, o de tocarme...
Vírgenes nunca me han atraído, pero hay algo en ti que hace que esté dispuesta a romper mis reglas.
Tal vez sea esa mirada morbosa, esa firme determinación de querer explorar, esa sed de experimentación que fluye en ti y te inunda de hormonas que percibe mi cuerpo y me excitan.
Deseo acercarme a ti, sigilosamente, besarte en la nunca y sentir cómo te estremeces.
Deseo girarte y besarte suavemente en los labios, para que tu cuerpo comience a arder, con un dedo recorrer tu cuello y comenzar a bajar hacia tu hombro, luego hasta el centro de tu pecho y dejarlo caer en tu canalillo.
En ese momento quien tendría las bragas húmedas sería yo, pero me contendría de verificar tu grado de excitación, tu ropa interior mojada.
No sé cuanto tiempo podría soportarlo, cuánto podría contenerme de posar de lleno mis manos en ti, dependerá de si tu boca se ha rendido a mis besos y si tu lengua explora la mía, si tus labios pronuncian las palabras “tócame mas”.
Quiero oírte pronunciar “te deseo mucho”, quiero que me lo digas y entonces, mi mano se sumergirá en tu escote, buscaré tus pezones para pellizcarlos suavemente y endurecerlos mas, para arrancarte gemidos de placer.
Con mucha parsimonia desabrocharé los botones de tu blusa, sin dejar de besarte, me alejaré unos centímetros para contemplarte en sujetador y tras comprobar en tus ojos encendidos el fuego y la entrega, liberaré tus pechos y mi boca se posará en ellos, mientras mis manos se colarán entre tus bragas.
Un dedo se abrirá paso entre tu sexo mojado y palpitante, y muy lentamente lo recorreré, hasta que me ruegues que introduzca mi lengua entre tus piernas.
Será el momento de tumbarte y poseerte, para que te rindas por completo al placer que puede darte mi boca y disfrutes del mejor sexo oral que te ha hecho una mujer.


sábado, 4 de octubre de 2014

Recuerdos húmedos, coñitos mojados


Cómo me pone recordar tus pechos rozando mi espalda, tu aliento en mi nuca, tu lengua en mi cuello, tus manos rodeando los míos y acariciándolos con lentitud, los inesperados y electrificantes pellizcos en mis pezones duros, que hacían correr por mi cuerpo oleadas de sensaciones, provocando que desde mi coño mojado emanaran los más cálidos y aromáticos jugos.
Cómo me pone recordar, o mejor dicho imaginarte, a ti, frente a nosotras, con una mano sosteniendo la cámara y con la otra jugando con tu potente erección, dándote placer mientras nos contemplabas, posponiendo el momento de unirte a nosotras para penetrarnos salvajamente con tu polla dura, sintiendo nuestro calor, la mezcla de olores de nuestros coños jugosos...
Vernos, olernos... todo hacía que intensificaras la presión y la velocidad de movimientos, la tortura a tu verga empalmada.
Me habías puesto una venda sobre los ojos... yo percibía todo más intensamente, incluso cuando dejaste a un lado la cámara y tus gemidos se incrementaron, mientras castigabas con tus manos esa polla que tanto placer nos dio...
Cómo me pone... se me moja el coñito una vez mas al recordar...
¿Repetimos? 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Sexo en la oficina

un relato escrito por HOMBREconAGUANTE
Un slip azul
Cuando Natalia se despertó en plena noche, desnuda sobre la mesa del despacho principal de la planta 17 del edificio en donde trabajaba, tardó unos segundos en comprender qué la había llevado allí y dejado así. Y más al comprobar que en vez de hallarse totalmente desnuda llevaba puesto un slip azul, claramente de varón.
Incorporándose y viendo en el suelo la botella de vino vacía en el suelo, recordó:
"Víctor" susurró para sí.
Él era la respuesta a todos sus interrogantes. Formaba parte, como ella, de la plantilla de la asesoría en cuya sala de reuniones se hallaba Natalia. Aún recordaba la impresión que le dio cuando lo vio llegar hace dos años: un hombre en la treintena, moreno, de tez blanca, complexión esbelta y gestos seguros pero amables. Desde su 1.80m miraban unos ojos color miel. Sin ser descortés - y mucho menos huraño- no alternaba mucho con sus compañeros, siempre abstraído como estaba, bien en el trabajo bien en sus pensamientos. Y aunque con alguna frecuencia mantenía charlas cordiales o brindaba su sonrisa sincera y genuina, todos allí lo tenían por un misterio.

Natalia usaba las miradas de Víctor para tratar de extraer información de él: unas miradas a veces serenas, en ocasiones trágicas, algunos días inquietantes, puntualmente feroces, frecuentemente pensativas y, de cuando en cuando, escrutadoras. Un par de estas últimas las había dedicado a la mujer, provocándole una extraña mezcla de incomodidad y curiosidad. No recordaba exactamente cuándo se despertó en ella un interés sexual por Víctor. Quizá un día a medio camino entre miradas, sonrisas y accidentales roces de pasillo.

Ella tenía ya su público dentro del trabajo. Consciente de sus encantos, no dudó en usarlos para seducir y yacer con Miguel, con Álvaro, con Jaime y aun con Irene. Morena, de largos cabellos ondulados, sus grandes ojos negros y sus pechos erguidos causaban sensación; su bronceado perenne le aportaba un punto de encanto y su voz, deliciosamente sensual, turbaba al más impertérrito. Pero Víctor parecía tan inaccesible, tan impermeable... Desde un mes atrás había iniciado un acercamiento sutil con insinuaciones que, sabía, él captaba; pero se mantenía esquivo. No llevaba alianza matrimonial y no se le conocía pareja. ¿Quizá era gay?

Hasta que cuatro semanas después, pasó. Esa tarde Natalia sintió las miradas escrutadoras de Víctor en al menos cinco ocasiones, como si estuviera diseccionándola, desnudándola. Y se mantuvo pensativo de una forma algo más extraña que la habitual. Al terminar la jornada laboral se fueron marchando todos y apagando las luces hasta que quedaron solamente Natalia y Víctor; ella recogiendo todo para irse y él absorto en su mesa con el papeleo. Cuando la mujer pasó al lado de la mesa del moreno dirigiéndose a la puerta, una mano la detuvo sujetándola por la muñeca de modo firme y a la vez suave. Ella lo miró con sorpresa y sus ojos le devolvieron la mirada más indescifrable de todas las que conoció en él. "Vamos" le dijo mientras se levantaba; y guió a una Natalia envuelta en miedo y deseo al despacho.

Una vez allí le indicó que se sentara en el borde de la mesa. Sentándose él a su lado la rodeó con sus brazos por la cintura y comenzó a besar su cuello. Lo besaba suave y lentamente o lo recorría desde abajo con su labio inferior. Sus dedos se aventuraban por debajo de la blusa y empezó a jugar con el ombligo de Natalia usando su índice izquierdo. Desde ahí comenzó a hacer trazos que cada vez se acercaban más a sus pechos. Ella cerraba los ojos y se concentraba en la sensación. Entonces él halló el punto. Justo tres centímetros tras la oreja. Lo besó primero y, al notar su suspiro, lo acarició lentamente con la punta de su lengua. Había dado con la llave del candado, con la contraseña de sus instintos, con el yugo de su voluntad. Desde aquel instante, Natalia quedó sumida en una vorágine hedonista.

Las manos de Víctor apresaron sus senos una vez liberados del sujetador, masajeándolos primero con suavidad, luego magreándolos con firmeza, pellizcando finalmente sus pezones endurecidos. Apenas abandonaba esa zona del cuello de Natalia con sus labios y lengua; y si lo hacía era sólo para lamer brevemente los pliegues de su oreja.
Víctor fue desabotonando la blusa con una mano mientras los dedos de la otra recorrían uno de los pechos, hundían su pezón, lo retorcían hasta la frontera exacta entre el placer y el dolor. Quitada la blusa, fue la otra mano la que buscó la parte trasera del sujetador y la libre cogía el otro pecho y lo llevaba a la boca de Natalia para que lo lamiera. Luego bajó con sus manos por los costados de ella hasta llegar a su pubis, donde se encontraron tras meterse entre la falda y la piel y apartar suficientemente el tanga rojo. Mientras una recorría la suave línea de su cintura con las yemas de sus dedos, dos dedos de la otra se adentraban entre los labios vaginales y empezaron a trazar círculos cada vez más amplios, dilatándola; y luego la penetraron. El pulgar de la otra mano se hizo con el clítoris, lo rodeaba sin llegar a tocarlo; lo hundía presionándolo con cuidado; lo apresaba en pinza con ayuda del índice a la par que ambos dedos presionaban hacia abajo.

Con la acción conjunta de ambas manos en su sexo y la de la lengua y labios en su cuello alcanzó Natalia su primer orgasmo de la recién llegada noche. Entonces Víctor se levantó y tomó la falda de la morena, que apoyando sus manos en la mesa elevó un poco sus nalgas para permitir que él pudiera quitarle la prenda y también el tanga. Luego colocó su mano en la nuca de Natalia y la besó con dulzura, con sensualidad, con lascivia, Le besaba las comisuras, chupaba su labio inferior, iniciaba un baile de lenguas.

A continuación, Víctor fue bajando con su lengua por el cuerpo de su amante dejando un rastro de saliva: partió de su barbilla, descendió por el cuello (estirado al echar ella la cabeza hacia atrás) pasó por entre sus pechos sin tocarlos y cayó en el ombligo para llegar finalmente al monte de Venus.

Las sensaciones se amplificaron cuando tras besar la cara interna de los muslos y lamer con fuerza las ingles, Víctor abrió su boca cubriendo con ella la raja de Natalia y la empezó a cerrar de una manera desesperantemente lenta; cuando chupó los labios uno a uno o ambos a la vez; cuando acarició con la punta de la lengua el clítoris o lo chupaba intermitentemente, succionándolo con fuerza y soltándolo un momento antes de volver a chuparlo; cuando pasaba la lengua en zigzag o iba lamiendo como bebería un gato y entrando cada vez más profundamente en ella.

Natalia se percató de que Víctor la iba conquistando y sometiendo a base de generosidad; de que era un dictador mediante su entrega; un tirano mediante su desprendimiento; y, a la vez, un siervo mediante su deslumbrante poder.

Alcanzó más veces el clímax oral (comprobando que Víctor parecía conocer su sexualidad mejor que ella misma) antes de que el hombre comenzara a desnudarse. Quitándose su traje descubrió un cuerpo tonificado, sin estridencias, equilibrado como una escultura griega. Al quitarse su slip azul reveló un miembro de tamaño respetable, de unos 20 cms; y Natalia creyó sentir el calor que desprendía a pesar de estar a metro y medio de su propia piel.

Víctor se acercó a ella, la tumbó sobre la mesa y, quedándose de pie a su lado, le fue pasando lentamente su sexo por la cara. Efectivamente, Natalia comprobó que ardía; y además tenía un olor penetrante, característico. Sedienta de él, atrapó ese puñal con sus labios y pudo degustarlo; lo llenó de babas que quedaban colgando del tronco o de la comisura de sus labios; lo sacaba y engullía hasta la garganta, intentando llegar al escroto con la punta de la lengua; lo masturbaba mientras lo investigaba con su lengua sin miedo a quemarse. También chupaba golosa sus testículos muy lentamente entre gemidos mientras él le acariciaba los cabellos o las mejillas. Un cuarto de hora prolongó esa felación sin lograr apagar el calor de su pene y sin que perdiera la erección.

Luego continuaron explorando centímetro a centímetro la piel ajena, exprimiendo el placer de cada terminación nerviosa con las yemas de los dedos, cubriendo cada poro con los labios, recorriendo la ruta de cada vena con la lengua... Los sentidos de Natalia estaban embriagados: su vista por la miel de los ojos de Víctor fijados en los suyos y siguiendo la pureza de las líneas de su cuerpo; su oído, por el coro de susurros, suspiros, gemidos y jadeos; su olfato, por el olor a masculinidad que se desprendía de su compañero; su gusto, por el sabor de los genitales de él y por el de sus propios flujos, que Víctor recogía con sus dedos en el par de labios más íntimo de Natalia para llevarlos luego a los de su boca; y su tacto, desde luego, al sentir la boca de su amante jugando con sus pezones, sus dedos fijados en sus caderas, su cálido aliento cayendo sobre sus muslos o su lengua húmeda acariciando sus tobillos, el empeine de uno de sus pies o colándose entre los deditos.

Víctor puso a Natalia a gatas sobre la mesa y, quedando él de rodillas tras ella, le hundió su falo hirviente y comenzó a embestirla con fuerza. Entonces se volvía tigre, feroz, indómito e implacable, como cuando su empuje hacía bambolear los pechos de ella, que paraban de golpe cuando él los sujetaba con fuerza mientras se inclinaba, pegando su torso sobre la espalda de Natalia para lamerle la cara. Luego reaparecía siendo gato, como cuando estando sentados en el sofá viendo el televisor un gato aparece silencioso y sólo detectamos su presencia al notar el cosquilleo que provoca al rozar suavemente nuestra pierna; así notaba ese cosquilleo Natalia al sentir los besos delicados de Víctor en sus hombros, espalda o cuello o cuando la penetraba suave y lentamente. Resurgía finalmente el tigre y todo su temible poder y voracidad, con sus embestidas e instintos.

Natalia se hallaba cansada y pletórica a la vez, sudada y oliendo a hembra. Le invitó a sentarse en la mesa y , colocándolo entre sus rodillas y quedando de cara a él comenzó a cabalgar a Víctor, con sus pechos botando ante su cara y su trasero golpeando los muslos de éste. Las manos del moreno se agarraban a con fuerza a las nalgas de ella y una de las de la morena bajaba hasta su sexo para frotar con furia su clítoris y también para acariciar el miembro ardiente de Víctor mientras entraba y salía de ella. El gato le susurraba cosas al oído y besaba sus pechos; el tigre clavaba las uñas en sus glúteos y mordisqueaba sus hombros y cuello. Y ella, aullando y jadeando se hacía loba entre el gato y el tigre; y la loba se hacía una con los dos. Los amantes se mantenían la mirada, acerada la de él, lujuriosa la de ella, que no dejaba de botar y botar con el cabello pegado a la frente por el sudor.

Víctor la tomó por la cintura, la levantó y la dejó en pie sobre el suelo. Luego la llevó de su mano unos metros más allá, hasta la ventana. La colocó cara a ésta, dejando expuesto el bello cuerpo de Natalia a las luces de la ciudad y de la luna; y quizá también a las miradas, pese a la altura a la que se encontraba el despacho. Entonces ella notó cómo le separaba sus nalgas y luego cómo ensalivaba su ojete con la lengua, muy lentamente. Poco a poco éste iba relajándose y abriéndose tras unos minutos de un beso negro como la noche que los amparaba. Sintió finalmente el ardiente sexo de su compañero invadiendo su ano.

Fuera de sí, Natalia fue empujada contra la ventana, con sus senos aplastados contra el cristal. Ahí Víctor era ya sólo tigre. Ella notaba su potente respiración en su nuca y las vigorosas embestidas de su pelvis. Entonces vio como una de las manos la soltaba y alcanzaba una botella de vino que estaba apenas a un metro sobre un mueble, preparada para una reunión del día siguiente. A falta de sacacorchos y con un seguro y certero golpe contra el borde del mueble, Víctor la partió justo por la base del cuello, dejando intacto el resto y comenzó a duchar a su pareja por delante y por detrás para luego lamer el vino de su espalda.

Todo sin parar el movimiento de sus caderas. Ella, ya flaqueando tras una verdadera maratón de sexo, notó que sobre el calor del miembro de Víctor que la perforaba aparecía uno aun mayor: al fin el tigre había derramado dentro de ella su semen, el cual, al apartarse él, salía del esfínter de Natalia y bajaba resbalando por sus muslos. Ella recogió con sus dedos parte del esperma y lo puso sobre su lengua para paladearlo.

Justo entonces vio cómo Víctor llegaba con su slip azul y se lo ponía a ella. Inicialmente, pese a dejárselo poner, pensó que era un lapsus, una confusión entre la ropa íntima del uno y del otro por la excitación y la noche, pero luego comprobó que él se vestía los pantalones sin haberse puesto ropa interior. En un par de minutos ya estaba totalmente vestido y, tras mirarla en silencio una última vez, se dirigió a la salida. Y por el camino el tigre se hizo gato; el gato se volvió sombra; la sombra, nada; y, finalmente, la nada, el todo.

Ya al día siguiente, desnuda sobre aquella mesa, Natalia comprendió: el slip simbolizaba un cinturón de castidad y ella sería suya para siempre.
un relato escrito por HOMBREconAGUANTE ¡gracias!



domingo, 28 de septiembre de 2014

Música para tocar el cielo

Qué maravilla es dar con alguien que nos haga sentir así...

Porque hacer el amor contigo me lleva al cielo,
sí, hacer el amor contigo me lleva al cielo.
y me enseña, sí, sí, sí,
porque me haces sentir,
que me han dejado fuera del cielo
demasiado tiempo, demasiado tiempo.
Sí, me haces sentir
que me han dejado fuera del cielo
demasiado tiempo, demasiado tiempo.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Sexo bajo la lluvia

Debemos reconocerlo, la temporada estival ha llegado a su fin, según el calendario éste ha sido el último finde del verano.
Quienes conservan las conquistas veraniegas, se les abre un nuevo abanico de posibilidades para experimentar el sexo bajo la lluvia.
Ropa mojada pegada a cuerpos deseosos y excitados que se rozan refugiados en algún portal, gotas de lluvia que escurren por el pelo y hacen posible sostener a la chica por detrás para penetrarla fuertemente, para arrancar gemidos de placer acallados por el sonido del agua golpeando los cristales de los edificios cercanos...




Si tus ligues estivales han marchado como el calor, siempre tienes la opción de salir desnuda bajo la lluvia



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Pillados sexo en la playa

Mientras algunos ya han vuelto a la rutina, con síndrome postvacacional incluido, otros comienzan su merecido descanso anual y buscan la costa para distenderse, relajarse y disfrutar de la vida.
Parte importante de la vida es disfrutar del sexo, con plenitud, sexo en cualquier lugar y a cualquier hora.
Para rememorar las vacaciones, para imaginar situaciones en los días que están por llegar, para los que la playa solo la pueden ver en fotos... para tod@s éstas imágenes de sexo en la playa

Como siempre os digo, que no falte sexo oral...
 y tampoco sexo anal!!


jueves, 4 de septiembre de 2014

Sexo en la playa


un relato escrito por HOMBREconAGUANTE

Arenas Movedizas
En una noche de junio, la pelirroja Julia observa sentada en lo alto de un montículo a veinte metros sobre el nivel del mar y a cincuenta de la playa.
Lleva rato pensativa y mirando fijamente como un halcón al desconocido joven moreno que, creyéndose en soledad, había ido a bañarse desnudo.
Tras verle salir del mar con su cuerpo fibroso empapado, mesarse hacia atrás los cabellos y retirar el agua de su frente, decide descender hacia él
[ Al fin y al cabo, Álex no le es tan extraño: horas antes habían coincidido en la pista de la discoteca, bailando cerca el uno del otro e intercambiando roces de cadera y miradas furtivas, algunas no tan disimuladas. Y al cruzarse cuando ella salía de los baños y él se encaminaba hacia allí, Álex le sostuvo la mirada un par de segundos más de lo habitual y Julia, pudiendo sentir su lascivo deseo sonrió con picardía ya de vuelta a la pista de baile, imaginando que en ese mismo instante él podría estar masturbándose en su honor]
Cuando ya estaba a veinte metros de él, que todavía le daba la espalda, la bella pelirroja se quita la blusa - que la brisa de cara echa unos metros más allá- y deja al descubierto un abdomen de apariencia suave, un ombligo vertical y unos pechos bien proporcionados, coronados por unos pezones sonrosados que ya se han empezado a poner duros por la brisa y la excitación.
Diez metros más adelante deja caer su pareo azul y, dado que no llevaba ropa interior, sus secretos quedan al descubierto.
Avanza desnuda, teñida de un blanco pálido por la luna llena; dejando un rastro de deso con sus pasos descalzos que Álex sólo nota cuando ya la tiene detrás.
Al girarse, los ojos almendrados de Julia se encuentran con los verdes de Álex, que la mira brevemente de abajo a arriba; y la mujer confirma la disposición del joven cuando siente la erección golpeando su muslo derecho.
Se besan con sensualidad mientras sus sexos se rozan; y acaban tumbados a media docena de pasos de la línea del mar.
Álex le chupa el labio inferior, Julia busca con su lengua la de su amante en el interior de su boca, él lame su cuello lentamente . La pelirroja comienza a bajar con sus labios por el cuerpo cálido de Álex buscando su botín; lo descapulla y chupa con delicia el glande enrojecido a la vez que manosea su escroto; lo lame de arriba a abajo, siguiendo con su lengua las venas endurecidas; lo engulle hasta la campanilla. Percibe las manos de Álex escrutando su piel, su muslo, sus nalgas, su pubis, su raja. El agua se cuela a intervalos bajo sus cuerpos.
Unos minutos después Álex no aguanta más y entre resoplidos suelta tres descargas de semen salado como el mar en el paladar de Julia, para quien la noche no ha hecho más que empezar.
Aún relamiéndose del trago, se gira y avanza de espaldas hacia la cara de él, la cual queda colocada entre los muslos de ella. Y preparándose para ser devorada, se dedica con entrega a reanimar con manos y boca el flácido falo del hombre, cuya lengua nota abriéndose paso entre sus otros labios, retorciéndose dentro de ella; siente sus dedos agarrados con fuerza a sus caderas; nota cómo busca su clítoris para embolsarlo en su boca y juguetear con él suavemente.
Julia restriega su sexo contra la cara de Álex, mojándola con sus fluidos; y una vez recuperada la erección se vuelve a girar para ser ensartada por ese puñal. Comienza a cabalgarlo con pasión. Se inclina sobre el moreno para mordisquear su cuello, sus hombros, mientras el agua de las olas se mezcla con saliva y sudor en sus cuerpos, limpiando la arena que enseguida volverá a pegarse a ellos.
Julia se clava una y otra vez en la verga, clavando también su mirada en la de Álex, en silencio, mientras su melena gotea sobre el rostro de él. Vuelve a inclinarse para besarlo con violencia, sintiendo las yemas de unos dedos masajeando sus pechos y pellizcando sus pezones.
Para prolongar la noche, cada vez que nota que Álex está cerca del clímax deja de cabalgarlo (privándole de su segundo orgasmo para lograr ella encadenar varios) y se dedica a mordisquearle la barbilla, la oreja, dejándole muesca tras muesca en el cuerpo; sintiendo los dedos de él rastreando entre sus nalgas; y a continuación retoma la doma del potro, clavándole los talones en los muslos; notando ese miembro endurecido hirviéndole las entrañas, martilleándola; hollando la arena de la playa en cada movimiento.
El rumor del mar no logra silenciar los jadeos. De repente, Julia cree haber visto un flash a lo lejos; pero está demasiado excitada para preocuparse y se queda mirando a ese punto, enloquecida, imaginando a miles de hombres, con los pantalones a la altura de los tobillos, manoseándose mientras disfrutan viéndola en una fotografía o un vídeo viral. Arquea su espalda y embiste a Álex una y otra vez, al borde del mareo, hasta que le viene un orgasmo demoledor.
Luego se levanta y lo deja allí agotado y dormido; cubierto de arena, agua, saliva, sudor, jugos y aroma de mujer; no sin antes haber escrito en la arena con su dedo su número de teléfono y dejando que sea el azar de las olas quien decida si permanecerá allí cuando él despierte.
Mientras, ella desaparece desnuda entre las sombras.
un relato escrito por HOMBREconAGUANTE ¡gracias!

sábado, 30 de agosto de 2014

Chat erótico

Chat erótico con Iván, que me puso super cachonda con la historia de cómo perdió su virginidad

ayer a las 23:01
Iván: Esto fue cuando tenia 14 años y fue en las fiestas de mi pueblo, un 15 de agosto

ayer a las 23:02
Iván: resulta que eran las fiestas en casa de mi abuela y estábamos toda la familia, una familia muy grande puesto que eran muchos hermanos los de mi padre

ayer a las 23:03
Enriqueta: mmmm y seguro que habría alguna prima que te ponía cachondo ¿a que si?

ayer a las 23:05
Iván: el tema está en que a la noche fuimos a la verbena y yo siempre me quedaba a dormir en casa de la abuela para el día siguiente

ayer a las 23:05
Iván: pero ese año estaban aquí mis tíos de argentina y estaban todas las camas ocupadas

ayer a las 23:06
Iván: se habló del tema y como no había sitio, mis padres decidieron no dejarme allí. Pero mi prima 8 años mayor que yo dijo que podíamos dormir en la misma cama, que no importaba

ayer a las 23:08
Iván: entonces accedieron y a eso de las 2 de la madrugada me dejaron en casa de mi abuela, se fueron y yo me fui para cama

ayer a las 23:09
Iván: Mi prima todavía no había llegado, tenia novio y estaba con él, yo empece a pensar en ella y me puse muy cachondo y me pajee

ayer a las 23:10
Iván: a eso de las 3 llego ella y después de irse al baño y ponerse un camisón se metió en cama despacito para no despertarme

ayer a las 23:11
Iván: yo me hacia el dormido pero al sentirla al lado estaba empalmadisimo otra vez, parecía que la polla me iba explotar de lo dura que la tenía. La deje un rato, no se, una media hora o mas mientras me pajeaba muy despacio y tratando de no gemir para que no se diera cuenta, pero el calentón era tal que empecé a intentar subirle el camisón para no despertarla

ayer a las 23:13
Iván: estaba muy muy nervioso, temblaba de miedo pero no podía parar y fui subiendoselo muy despacio, hasta las nalgas

ayer a las 23:14
Iván: ella me había dado la espalda y fue fácil que quedaran su culo visible, así que en cuanto lo subi, busque con la mano entre sus piernas, nunca había tocado un coño

ayer a las 23:15
Iván: me sigues???

ayer a las 23:16
Iván: si, me lo estaba imaginando

ayer a las 23:17
Enriqueta: con 14 añitos, te matabas a pajas, te corrías y al rato otra vez te empalmabas, con toda la leche otra vez haciéndote cosquillas en la punta de la polla, te habías corrido pensando en tu prima y al poco rato, se mete contigo en la cama y de nuevo empalmado...

ayer a las 23:17
Iván: siempre he sido así, me corro y al rato otra vez tengo que masturbarme, paso todo el día así, no tengo problema ni hoy en día, me pongo al instante, aguanto muchísimo y luego me vuelvo a poner muy pronto otra vez, pero te sigo contando... entonces me encontré con sus bragas, ahí al tocarlas estaba tan excitado que casi me corro

ayer a las 23:18
Enriqueta: mmmmm que morbo me estas dando Iván

ayer a las 23:19
Iván: bueno sigo?

ayer a las 23:19
Enriqueta: sigue

ayer a las 23:19
Iván: estaba super nervioso pero aun así fui metiendo dos dedos por debajo de las bragas, buscando su coño

ayer a las 23:20
Iván: y lo encontré, estaba empapado, se me resbalaban los dedos y se los hundí un poquito

ayer a las 23 :21
Iván: oí como si se le escapara un pequeño gemido yo ya no podía mas así que me arrime mucho a ella y con las bragas apartadas intentaba acercar la punta de la polla hasta su coño jugoso

ayer a las 23:23
Enriqueta: que fuerte, fijo que ella se estaba haciendo la dormida, estaba tan caliente como tu, pero le gustaba el jueguito, seguro que se moría de ganas porque le clavaras hasta el fondo la polla bien dura

ayer a las 23:24
Iván: tarde un poco en encontrar pero cuando la note le metí un poco la cabeza de la polla en aquel todavía mas mojado coño

ayer a las 17:24
Iván: en ese momento fue cuando si se movió ella, al notar la polla empujo un poco hacia atrás y yo le metí un empujón bestial

ayer a las 23:25
Iván: se la clave toda de un fuerte golpe, hasta el fondo, hecho un buen gemido y abrió mucho las piernas

ayer a las 23:26
Iván: ya no pude ni moverme mas, me corrí en su coño caliente. Dejo que me vaciara bien y luego se giro y me preguntó que si me gustara

ayer a las 23:27
Iván: yo le dije que mucho y me dijo: pues puedes follarme toda la noche si quieres, pero será un secreto, yo te voy a enseñar a follar y a hacerme gozar

ayer a las 23:28
Enriqueta: asique tu primita una zorrita de mucho cuidado, así es como me gustan las tías

ayer a las 23:29
Iván: ella quitó la sabana y empezó a comerme la polla hasta que volvió a ponérmela muy dura y luego hizo que yo lamiera y chupara bien su coño y así pasamos la noche entera, apenas paramos

ayer a las 23:30
Enriqueta: y ya se habría follado al novio antes de acostarse contigo? Porque seguro que si tenía el coño tan mojado, fijo que también le habría chupado la polla al novio y se lo habría follado bien ¿no?

ayer a las 23:31
Iván: si, claro, lo traía empapado la muy zorra

ayer a las 23:31
Iván: quedamos en que la noche siguiente seguiríamos, que le diría al novio que no se encontraba bien para venir pronto y así fue, a las 12 estábamos follando ya

ayer a las 23:32
Enriqueta: esa tía mola mucho, follarse al novio y después desvirgar el primo y en la misma noche!! además fue tu primera vez en muchas cosas, tocar un coño, follártelo, correrte dentro de una tía, comerle el coño, que te comiera la polla.... buff, cómo me has puesto! La verdad que entiendo que recordaras perfectamente ese 15 de julio

ayer a las 23:33
Iván: aun hoy sigo follandola de vez en cuando, le encanta mi polla y como la follo, la hago correrse un montón de veces y le gusta mi forma de follar, fuerte, rápido, salvaje

ayer a las 23:34
Enriqueta: pues es que te enseñó bien, gracias a la zorra de tu prima hoy follas genial, o eso dices... habrá que comprobarlo... me encanta el chat erótico, y si me sigues contando historias que me pongan tan cachonda, tal vez quedemos y me folles así tan rico como dices que follas...

martes, 12 de agosto de 2014

Sumisas o Rebeldes

Hay quienes las prefieren sumisas, obedientes, complacientes...


Hay quienes las prefieren guerreras, luchadoras, que ofrecen batalla antes de presentar rendición, que oponen resistencia pero finalmente se entregan con pasión...



¿Cómo te gustan a ti?

jueves, 7 de agosto de 2014

Ángel

Desde hacía algún tiempo se encontraba como en un letargo.
Su antiguo objeto de deseo había partido, llevándose consigo todo su morbo, sus deseos, sus perversiones.
No ayudaba que se cruzaran por las esquinas, que el destino se empeñara en recordarles, mediante una punzada en el estómago, que la pasión se podía reanudar con desenfreno en cualquier momento.
Una aproximación más cercana, con menos centímetros de distancia que los separara, donde uno pudiera percibir el olor del otro, sería suficiente para arrasar las barreras autoimpuestas y sus manos buscaran el calor conocido que irradiaban sus cuerpos.
Pero ciertas pasiones prohibidas por algo lo son, a pesar que cuando estaban juntos el mundo se desvanecía, sólo importaban las miles de sensaciones que se despertaban tan solo con una caricia, una mirada lasciva mientras sus lenguas recorrían la piel, penetraban cavidades, arrancaban gemidos y orgasmos.
Todo eso es pasado, recuerdos que alguna noche los despertaba con la sensación de tener el sexo húmedo.
¿O acaso esa humedad la producía otra persona?
Tal vez un Ángel que se colaba en su mente, que rondaba aspirando a convertirse en una nueva fuente de placer, que preparaba un desayuno aromático que sin excepciones se enfriaba, ya que la bandeja inevitablemente quedaba aparcada sobre la mesilla...
La tentación de una pierna asomando bajo la sábana, de un sexo últimamente tan inexplorado estaba siendo más fuerte que todo lo demás.
Indudablemente este Ángel tenía todo para convertirse en un nuevo objeto de obsesión.